CIUDAD DE INFIELES O LA DENNYSACION DE LA MORAL

Con  puñetazo más célebre en la historia de la literatura hispanoamericana,  con que aquel   12 de febrero de 1976 Vargas Llosa recibiera a su entonces amigo Gabriel García Márquez en México, se inauguró aquella sospecha de infidelidad que aún persiste y mantiene a ambos alejados.

Vargas Llosa  le puso un ojo en compota a Gabo por “lo que le hiciste a Patricia”, su esposa, según textuales palabras, 

Versiones encontradas dicen que García Márquez pudo haberle sugerido a Patricia que se separase de Vargas Llosa por supuesta infidelidad de éste, o que Patricia, para vengarse de su marido, le dio a entender que “Gabo” le había proporcionado grata compañía.

Estrategias de mujer al fin.

El hecho es que el puñetazo puso fin a una amistad entre dos de los más grandes escritores de Hispanoamérica: García Márquez, Premio Nobel, y Vargas Llosa, premio Cervantes y muestra que el tema de la infidelidad, o sospecha de, no respeta clases sociales ni niveles intelectuales.

 

Un amigo mexicano el profesor Carlos Emiliano Altúnez me redactaba hace un tiempo sobre el caso de un conocido suyo al que luego de casarse su padre le dijo “ tu llegas cada noche a tu casa y me le das un chingadazo a esa morra, tu no vas a saber porqué, pero ella sí”.

Esto que parece un cuento, no lo es tanto si tenemos en cuenta que las encuestas sobre el tema de la infidelidad arrojan como resultados un alto porcentaje de mutuo engaño y que se sospecha que el resto de las respuestas son un atajo de mentiras.

 

BATISTELA Y LOS FAUNOS DE DENNEHY

 

El caso de la absolución del presunto asesino de la localidad de Dennehy ha puesto sobre el tapete de la opinión pública un tema espinoso que afecta a la sociedad y sobre el que – tal parece – solo se bromea y nadie quiere tomarlo en serio,  pero que resulta un hecho puntual ya que muchos de  los crímenes en todo el mundo, son por causas pasionales.

Los demás son por dinero, otro aspecto que también muchas veces tiene que ver con lo pasional.

Pero qué, ¿el escenario del mitológico  bosque griego sucede solamente de acá 40 kilómetros?

 

OPINIONES CALIENTES

 

En estos días en una rueda de discusión surgió este tema a colación por otros que tienen que ver con lo local y se planteó una cuestión cuasi filosófica en referencia a la moral en general: “¿puede una persona buena engañar a su pareja?” 

Mi respuesta contundente y convencida que despertó inmediata polémica fue un rotundo “no”. Alguien me acusó de tener un perfil demasiado ideal de la bondad de la gente pero mi planteo iba más allá de la perfección – en la que de hecho no creo – sino sobre los conceptos de vida.

En dicho sentido creo que una persona no puede engañar “ideológicamente” a su esposa, en el caso que hablábamos, esto significa que la persona moralmente correcta no se hace la agenda diaria de infidelidades, lo cual no asegura que en un momento de la vida no pueda tener caídas. El concepto paulino del pecado es justamente ese, una determinación de vivir en concordancia con la moral cristana, que les informo a los que puedan a estas alturas estar arrugando el seño, nos regimenta la vida desde que nacemos  con el bautismo, hasta que morimos, en el momento que el ministro religioso dice las consabidas palabras que “de polvo eres…”.

 Claro que, aclara Pablo, en definitiva todos pecamos.

 

Con las ideas posmodernas sobre las libertades sexuales es dable que los porcentuales de las encuestas sobre infidelidad hayan superado los niveles “normales”. La independencia de la mujer en esta sociedad ha equiparado, tal vez si queremos verlo desde el punto de vista netamente moral, lo peor de los hombres, que es la promiscuidad sexual. Ahora no son solo ellos los que reclaman el derecho de salida con los amigos sino que ellas han comenzado – por ahora – con un día semanal de reunión con las amigas y ¿que pueden deparar esas reuniones?, si comparamos las que realiza el hombre : pues licencias de las que antes solo ellos gozaban sin culpa.

 

FREUD, LA INFIDELIDAD Y LOS AMIGOS CON DERECHO A ROSE

  

“Sabido es que la fidelidad”, escribió Freud, “sobre todo la exigida en el matrimonio, lucha siempre contra incesantes tentaciones.” Incluso una persona que niega estas tentaciones, de todos modos las experimenta. ¿Cómo puede esa persona aliviar la culpa que le provoca el impulso a la infidelidad o el hecho de haberla cometido? Una forma es “proyectar sus propios impulsos a la infidelidad sobre la persona a quien deben guardarla. Este poderoso motivo puede luego servirse de las percepciones que delatan los impulsos inconscientes análogos de la otra persona y justificarse entonces con la re flexión de que aquélla no es probablemente mucho mejor.”

  

El padre de la psicología, que solía culpar de todas nuestras desgracias a las madres, presentaba al respecto  el caso de un joven cuyo objeto de celos era su esposa, una mujer intachablemente fiel. Los celos de este hombre se manifestaban en ataques que duraban varios días y aparecían regularmente al día siguiente de que hubiera tenido relaciones sexuales con la esposa.

 

La conclusión de Freud es que después de haber satisfecho su libido “se manifestaban en el ataque de celos”. Y estos se basaban en gestos “imperceptibles para toda otra persona, en los que podía haberse transparentado la coquetería natural de su mujer, totalmente in consciente”. Ella había rozado distraídamente con la mano al hombre que estaba a su lado, había inclinado demasiado su rostro hacia él, o había sonreído con gesto más amable que el que solía dedicarle a su esposo en la intimidad.

Ratones que todos tenemos…

 

DICE LA MADRE IGLESIA…

 

La herejía,  según Saulo de Tarso, pertenece a las obras de la carne, a tenor de estas palabras: Las obras de la carne son conocidas: la fornicación, la impureza”, bajo esos terribles preceptos, quién más quién menos, ha sido educado.

:Pero tengamos en cuenta que herejía, vocablo griego, significa elección; es decir, que cada uno elige la disciplina que considera mejor y no hay duda que el hombre (mujer) moderno/a ha elegido esta forma de vida.

 Entonces no nos rasguemos las vestiduras por lo que el Juez Cosia piensa sobre Dennehy, seguro que tiene razón, como si lo hubiera considerado de Bragado, Junín o cualquier ciudad del mundo occidental.

Lo único que hizo mal el juez, es haberlo manifestado en voz alta.

Porque la infidelidad es como a corrupción dentro de la política, todos sabemos que existe, pero la dejamos pasar para continuar viviendo mas o menos felices e inconcientes.

Y ud que se horroriza al leer estos conceptos:  ¿sabe donde está su esposa ahora?

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