ESPERPENTO

Con el triunfo de San Pedro el 28 de octubre se inaugura en nuestro distrito una nueva era diferente a todo lo conocido hasta ahora.
Se rompe el molde bipartidista vernáculo donde dos sectores, más o menos previsibles, alternaban en la administración comunal luego de periodos, donde hay que decirlo, dejaban mucho que desear.
El nuevo partido gobernante llega al poder por circunstancias que tienen que ver más con un resultado fundamentalmente azaroso que rompe todas las previsiones, relevamientos, encuestas y a decir verdad las leyes de la física, química y el buen gusto.
No había ninguna posibilidad que San Pedro se presentara, como lo veníamos aseverando en cada edición de Stilográfica impresa, tampoco que ganara, y para que el cumplimiento de esta especie de maldición se diera tal y como se dio hicieron falta, como afirmamos mas arriba, concretos elementos del azar con todas sus consecuencias, que van a alterar, como ya lo están haciendo en el Cementerio, Corralón y el mismo Palacio Municipal y el buen funcionamiento interno de las personas que habitamos este bendito suelo.
¿Por qué creemos esto?
Pues porque no se puede – en virtud del presunto tamaño de una billetera oficial – construir la legitimidad desde lo ilegítimo.
Y el triunfo de San Pedro – no sea tomado esto por favor como el enaltecimiento del intendente derrotado – fue construido desde la falta de convicciones – fundamentalmente de quienes lo votaron y se arrepintieron desde el mismo instante- las suyas que no esperaba ganar, las del presunto partido que retornaba al poder que SABÍA que la traición aletearía sus vidas de y como todo juego de azar, desde la mas santa improvisación.
Porque decimos ilegitimo: Pues porque San Pedro continua en política, como lo aseveramos en ediciones anteriores por la invención de un cargo (Secretario Legislativo del Concejo en 1988) y unos pocos centenares de votos obtenidos en una interna de un mínimo partido, fabricados con padrones irreales, volcados desde el mismo cementerio que hoy como una maldición que vuelve se le revela.
Esto fue denunciado en su momento por el bordonismo local, consta en actas, y por esta publicación sin que a nadie se le moviera un pelo, tal vez por la insignificancia que significara, valga la redundancia el ineficaz versito, una porción de poder de quién nadie respectaba como dirigente local.

No hay diferencia entre el Coronel Ibarra y Aldo San Pedro, si queremos hacer un parangón, por más que el primero pueda haber hecho, a juzgar de más de 5000 votos que lo acompañaron en el 91, un buen gobierno.
Porque viene desde la ilegitimidad de un golpe.

San Pedro viene de la ilegitimidad de un padrón de gente que tal vez nunca lo hubiera acompañado con su firma, porque no se enteraron, porque si lo hicieron no reclamaron o porque ya no podían hacerlo aunque hubieran querido.
Con ese padrón que esgrimió el en la sección electoral, llegó a la diputación provincial y de allí su autopista de poder que, con mucho de azar e improvisación – otro genérico del azar – a la municipalidad local.

Uno de los elementos adicionales para el triunfo que nosotros analizamos como el cansancio de la sociedad de los 12 años de Costa, estamos por creer no fue tan así ya que el pequeño intendente obtuvo incluso más votos que los que legitimaron su segunda reelección en el 2003.

Porqué ganó entonces se preguntará usted?
Pues porque agregado al azar, punto central de este análisis, repartió mucho dinero (más de 1.500.000 pesos) y por primera vez en la vida periodística, (como lo dijera la directora de un medio escrito colega) podemos dar fe que eso ocurrió.
Tampoco vamos a decir que del otro lado nunca se hizo esto, no por favor, esa no es la cuestión aquí. Una vecina, en la puerta de la municipalidad, definió la situación con una frase que por común y simple sintetiza una realidad que no pudiera haber resumido un politólogo:
– Los mismos que le hicieron ganar vendiendo el voto, lo van a voltear.
Decía ante la vista y desfile de ciudadanos por las distintas dependencias municipales en busca de ayuda.
Otro importante sector de la vida política, parte del Pejota local, corresponsable de la ilegitimación del triunfo, también desfilan aguardando cumplimiento de compromisos o aguardan lo que no ocurrirá, amenos que se le agote el padrón radical.

Hoy algunos creen que finalizó en Bragado una ominosa era maldita de gobiernos geográficamente cruzados.
Pero parece que nos hubiera hecho pipí un elefante asiático, porque quiso el destino que el justo momento de sacar de una vez por todas a Costa de la Municipalidad la única opción fuere un esperpento político

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