CLETOMANÍA

 

Alejados de esa particular tendencia nacional que tenemos los argentinos, de endiosar o denostar o escarnecer a las personas según favorezca o no nuestros particulares intereses, vemos hoy a Julio César Cleto Cobos como un hombre que alertó sobre la endeblez de las alianzas a la violeta y puso en el tapete de la opinión pública como una misma actitud puede ser vista desde ángulos diametralmente opuestos.
Por un lado.
Por otro se vislumbra una discusión de si, como dijo un legislador en estos días, el desempate en el Senado de la Nación es una prerrogativa a favor del ejecutivo o un derecho de libre conciencia, es decir, si la figura – dicha hasta el hartazgo – decorativa del Vicepresidente de la Nación tiene, además de la esforzada tarea de tocar la campanita, el expreso mandato irrebatible de apoyar a libro cerrado toda determinación del Ejecutivo.
El legislador de narras descontó como un anexo cuasi constitucional dicha obligatoriedad que, supongo, habrá que estudiar a la luz de la Carta Magna e ignoramos, como tantas otras cosas, si obrará en la misma inciso alguno que establezca la obligación de desempate a favor del ejecutivo y en caso que así fuere carecería de sentido dicho derecho o no sería tal. De modos que en ocasiones similares no sería necesario consultar ni mucho menos exponer a tan relevante figura a determinaciones que pueden costar la salud, o la vida, según algunos graffitis de los muchachos de “somos la rabia”.

Se discute hoy en el país, tal y como hasta ayer se lo hiciera con las retenciones, si la acción de Cleto Cobos fue una hazaña o la más bárbara traición en una de esas interminables polémicas a las que nos autosometemos los argentinos siempre, como si no existiera la factibilidad de perpetrar de vez en cuando un acto reflexivo y entender que no siempre los hombres cuando toman una determinación lo hacen en pos de obscuros negociados o detrás de la gloria perenne del bronce.
¿No es posible que Cobos haya votado conforme a sus convicciones y conciencia sin más aditamentos que ese inalienable ( perdón) derecho del hombre.
Y si así fue, ¿lo convierte en prócer o traidor sin posibilidad alguna de tercera y saludable opción?
Es que la persistente sospecha que existe en la sociedad detrás de cada decisión de los hombres públicos hace que, cualquier determinación de peso divida al país en dos sectores antagónicos.
Cuando se encuentra a un servidor público que no acepta una coima desde los medios de comunicación se tiende a levantarle efímeros monumentos, como si dicha acción no fuera lo que TIENE la obligación de hacer. Tal exaltación pública de una común acción revela como normativa que la coima es institución normal dentro de distintos estamentos del estado.
Por eso desde los muchaos kulkeliamos de “la del tío” más bien dicho “La Campora, a la derecha sindicalista de “los hombres prudentes” herederos del Loro Miguel, se tilda a Cleto de traidor irreparable, mientras que desde el sector agropecuario y una importante franja de la sociedad se lo vislumbra como un referente patriótico.
Y Julio César Cleto Cobos no es ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario tanto que antes de lanzar al aire las patrióticas frases y anoticiado de la responsabilidad que le arrojaban sobre los hombros solo atinó al balbucear el conocido monosílabo que anticipa los cataclismos : uy, uy, uy.

No obstante la decisión de Cobos era cantada y la conocían altos funcionarios del gobierno que fueron los que en definitiva llevaron al primero en la sucesión presidencial a tal estresante determinación, los mismos funcionarios que hoy hablan de alta traición y de renunciamientos, que pintan paredones con referencias concretas al asesinato del Augusto Timoteo Vandor, el Lobo, delito que no contempla el orden de crimen de lesa humanidad y que algunos de sus ideólogos y la mayoría de los que lo aplaudieron merodean el actual gobierno.

Pero el meollo de la cuestión, ya que de acepciones de términos estamos hablando, es justamente determinar los alcances de la lealtad y la traición.

No hace falta la asistencia de un diccionario para entender que para que haya un traidor se hace menester que de ese lado ronde y rinda la valija tentadora y pecadora.

Y es público y notorio que del lado de Cobos no estaba la valija de Borocotó…

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