VILLEGAS, OLAVARRÍA, PASIÓN Y COITOS TARDÍOS

 

nota de:   www.infored24.com.ar

VILLEGAS, OLAVARRÍA,  PASIÓN, MUJERES Y DUDAS

Por Jorge Cagliani

El sexo,  canalización de ese sentimiento atávico que los poetas llaman amor, no pocas tragedias insolubles ha acarreado sobre la humanidad y esta, lejos de urbanizar sus conductas,  las ha exacerbado al punto de que se están viviendo, en nombre de él (el amor o el sexo) situaciones que tienen a modificar incluso, conductas sociales.

 La  pasión, prima hermana de ambos sentimientos, fue la que impulsó al albañil mechitense Dardo Sosa a corretear detrás de la  adolescente regenteada por su progenitora, en busca de evacuar las necesidades del corazón y otros órganos y que lo dieron de traste –  nunca mejor utilizado el término – en las mazmorras de una dependencia policial vecina.  

Sosa desató con esta actitud su propia tragedia y puso en peligro incluso la paz interior de esta comunidad, que por poco no devastó la vivienda de la presunta madama,  quién tuvo que poner pies en polvorosa por su seguridad.

El albañil quien finalmente se declaró inocente no solo de los cargos de violación – delito de difícil probanza – sino de incluso de las relaciones sexuales que  por lo bajo reconoce todo el pueblo que pudo haber tenido con la niña.

Al parecer  admite haber realizado un intenso intercambio postal electrónico,  por medio de mensajes de texto,  con la hija de Azucena Díaz,  mensajes que por su tenor de alto voltaje pudieron complicar su situación,  aunque lo que los asesores letrados ni su abogado patrocinador  tuvieron en cuenta es del  delito de extorsión que sobrevoló el caso  ya que la denuncia de la madre de la víctima se presentó, según varias personas lo manifestaron en la pueblada, solo después que  Sosa se negara a pagar una alta suma de dinero para continuar tendiendo relación – ahora ignoramos si íntimas o solo postales – con la niña.  

El caso de General Villegas, salvo el video probatorio, parece un calco del affaire Sosa, no por la actitud de los protagonistas – con cierta tendencia a la exposición en este caso – sino por la  de los padres de la menor, víctima y victimizada, que salieron a reclamar justicia deslindando responsabilidades que debieron tener en cuenta en forma previa y en la educación y control de las acciones de la niña porque, al margen del acto del todo reñido con la moral, una niña de 14 años nunca debió ni merodear la compañía de cuatro hombres en la soledad de un cuarto.

La respuesta de la comunidad, o para mejor decir, parte de ella, también marcó un antes y un después de Mechita, donde centenares de personas incluso madres y adolescentes, salieron en defensa de un hombre que si bien se tiene la seguridad que no la violó, si que tuvo relaciones con la niña. En Villegas, de no haber mediado la acusación del abogado defensor de la niña por “apología del delito” ayer mismo otra manifestación a favor de los victimarios se hubiera gestado. El mismo primer magistrado Gilberto Alegre salió a la palestra a confirmar la precocidad de la conducta de la niña.

Ahora: ¿Estaba defendiendo Alegre la conducta de los abusadores? De ninguna manera, el mensaje del intendente era idéntico al de la comunidad ferroviaria cercana, acá no se secuestró a una inocente niña a la salida de un colegio sino que, con la anuencia o el conocimiento de los padres, una criatura que había perdido la inocencia hacía mucho tiempo,  trotaba las calles en busca de pagos que  hasta quizá, pararan la olla de un hogar.

Oficio viejo si los hay, pero ejercido por personas cada vez más jóvenes.

La mujer, desde los albores de la humanidad, ha sido botín de guerra concreto de la crueldad de género. Secuestros, esclavitud, violaciones, abusos, etc sin que comisión de derechos humanos reclamara por ellas y como suele suceder cuando la sociedad determina poner fin a estas injusticias, las cosas tienden a irse a otros extremos.

Ocurrió con la pornografía, en tiempos de nuestros padres ver una rodilla en una revista era pluscuan erótico, hoy cualquier criatura que se detenga en un quiosco puede observar sin privaciones,  ya no mujer totalmente desprovista  de indumentaria, sino en poses que el Kama Sutra queda a la altura de Heidy.

En el tema del acoso hoy un piropo no deseado puede convertirse en ilícito.

Pero: cual es la diferencia entre un requiebro necesario para el mantenimiento de la especie y un infame acoso?  Podría pensarse que la intención o la mala intención, aunque en realidad la pura diferencia es la mutua aceptación y convengamos que en esto los derechos de la mujer superan a los del hombre, ya que si un hombre se equivoca cortejando a una dama que no lo desea, comete delito y si por el contrario es una mujer que lo hace con el hombre, no hay pena en ello.

NOTICIAS DE UN COITO ATRASADO

El caso del ginecólogo de Olavarría    se inscribe en un nuevo tema donde la razonable duda de la palabra del uno contra el otro persistirá en el tiempo.

Lo sabrán los profesionales por experiencia – y ahora con sangre – la diferencia entre un tacto y una caricia es la intención que, por otra parte, hasta tanto se inventen computadoras que determinen nuestros sentimientos, son solo acciones conocidas por cada individuo y, si creemos, por Dios.

El caso del ginecólogo  que, por otra parte, generó otro fenómeno piquetero en la ciudad del sur, a mi personalmente me genera dudas.

Una paciente denuncia haber sido víctima de un tratamiento que nada tenía que ver con lo ginecológico, según interconsultas posteriores con otros profesionales del ramo.

Como suele suceder en estos casos pegada a la denuncia de esta paciente surge el fenómeno de emulación y no tardan en aparecer otras presuntas víctimas.

Haciendo un ejercicio de razonamiento simple yo me pregunto: si una mujer después de dos meses se da cuenta que lo que tuvo con su ginecólogo no fue una revisación,  sino un coito, me parece que será menester acelerar la educación sexual en las instituciones educativas.

Al lector le parecerá una exageración y hasta un exabrupto este concepto pero le transcribo en forma textual un párrafo de declaraciones de la abogada patrocinanate de la presunta víctima    en Página 12 de la fecha:

“Después de escuchar la descripción que hizo de los hechos sufridos en el consultorio, hablé con varios ginecólogos y ginecólogas conocidos y me confirmaron que lo que el médico le había hecho a la señora no se trataba de un tratamiento ginecológico”, explicó Sansimoni. De acuerdo con la denuncia, el médico la habría sometido a una supuesta terapia para mejorar el desempeño sexual que incluyó acceso carnal”

No quiero pecar de misógeno  al pensar que una dama pudo confundir una exploración ginecólogica,  efectuada en la actualidad con elementos de alta tecnología,  con un órgano un tanto más profano,  ni mucho menos creer que la industria del juicio puede tentar a alguien a despedazar la vida de otros por unos mugrosos pesos, tampoco me permitiré pensar en algún despecho femenino.

Pero no quisiera estar en la piel del juez que con los solos elementos testimoniales – en el caso de Villegas es diferente ya que  hay videos – debe decidir una medida que puede cambiar- y devastar  – la vida de muchas personas.

Mucho menos en la  de los maridos de estas pacientes que,  por esta vez,   no son los últimos en enterarse.

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